Introducción

 Prólogo

1. Oral

 3. Histérico

4. Fálico Narcisista

5. Pasivo Femenino

 Esquizofrénico

 Esquizoide

 Epílogo

2.

EL CARÁCTER MASOQUISTA

 Cuando es estimulado  con una promesa de placer; de inmediato conecta su energía.

 Presenta agarrotamiento muscular.

   Su musculatura, siendo desarrollada en  su estructura, no es portadora de  fuerza.

  La “reacción terapéutica negativa” es el modo como se comporta en su proceso de curación.  Luego de una mejora superficial se lanza con decisión a un profundo buceo en sus viejos síntomas y dolencias.

  Wilhem Reich publicó en 1932: “el carácter masoquista”, es una cima en el tema.  Recomiendo su lectura que está incluido en su libro titulado  “El Análisis del Carácter”.

  Preguntémonos: ¿Qué es el masoquismo?  Respondamos sin ningún tipo de vivac: el masoquismo es el sadismo actuando contra sí mismo.

  Hagámonos esta otra pregunta: ¿Cuál es el mecanismo para que una energía destructora que va hacia afuera cambie su dirección y se vuelva contra sí mismo? Y, ¿Cuáles son las condiciones para que el mecanismo masoquista se ponga en marcha y ejecute su resultado?

 Su característica es inspirar y expirar en creciente ansiedad.

  La ansiedad se le presenta mientras está en necesidad de relacionarse  con la realidad.

  Se enfrenta a una ciénaga, a un pantano, entra en ella, entra en él, y así logra estar  en situación de inercia.

  Experimenta y expresa sus sentimientos negativos con mucha consciencia y tenacidad.

  Su apariencia es de autosuficiencia, pero su autoevaluación es de minusválido.

  Observación  de un  comportamiento masoquista: Estoy sentado en el retrete.  Llevo allí ya dos horas.  Mi madre me mira amenazante ante cualquier intento de abandonar el retrete. Debo hacer algo que no puedo.

  Tengo 3 años y medio.  Corro alrededor de la mesa de la cocina, detrás va mi madre con una cuchara con comida en una mano y con una correa en la otra.  Si me alcanza me maltratará y me meterá esa comida que no quiero en la boca: las veces que no me alcanza se acerca al balcón de la casa en el quinto piso y dice que se lanzará para matarse si es que no le obedezco; yo me veo arrojándome al piso llorando histéricamente y suplicándole que no se mate.

  Tengo 4 años.  Me he quedado dormido en mi habitación.  Algo me despierta y veo que mi habitación crece y crece y crece,  y desde un rincón de ella el rostro de un hombre  me mira, con descaro.  Siento que mi pene se retrae y se mete dentro de mi escroto (dicho criollo: ‘te arrugaste’).

  Tengo una talla alta y corpulenta.  Siento miedo que alguien más pequeño me enfrente y me desafíe a pelear.  No defiendo mis derechos.  Soy humillado con frecuencia.  ¿Que qué recuerdo de niño? Mi esfuerzo por parecer dormido cuando mis padres tenían relaciones intimas.  Hacía todo por dormir en la cama de mis padres.  Mi padre tenía poca relación conmigo; era alguien con quien mi madre me amenazaba; nunca mi padre me pegó.  A los 7 años vi el pene de mi padre que me pareció desmesurado y me llené de temor.  Acudí a la masturbación con horribles sensaciones de frenesí, urgencia y culpabilidad.  Hasta los 17 años no pude acercarme a una mujer;  pensar en la posibilidad  me ruborizaba, me sofocaba, entraba en ansiedad y frenesí.

  Actúa para dañarse y despreciarse a sí mismo.  Obsesión por torturar a otro, verlo sufrir y sufrir por eso.

  Tienen torpeza y sus modelos son estáticos.  Su brusquedad es tan torpe como si tuviera deficiencia mental.

  Respiran dando la sensación de que están haciendo  esfuerzos por evacuar.  Crean presión al trabajar; todo el tiempo están como empujando; reflejan un desafío pasivo a una autoridad que no pueden vencer, que no quieren obedecer, pero que no pueden evitar; sus gestos gritan ‘no quiero!!!!!!!!!’.

  Deben evacuar pero no saben hacerlo de manera natural.

 Saben que tienen que empujar, al hacerlo aumentan la resistencia.

  Se mantienen empujando, apretando, contrayendo el abdomen.

  Durante la masturbación aprieta su pene: acepta la realidad y la combate; admite la racionalidad de las exigencias de la realidad pero no las quiere obedecer; se mantiene empantanado en un terrible conflicto.

  En situaciones que exijan mantenerse firmes, se desploman.  Carecen de espina dorsal, hacen de sus intestinos el apoyo para no desplomarse, por eso lo contraen; como los intestinos son solamente intestinos, él no puede evitar desplomarse.

  Se le ve atascado entre dos impulsos antagónicos: quiero hacer las paces con su pareja pero al mismo tiempo quiere resistirse a hacerlo y esperar que ella venga a él.

  Su voz es quejumbrosa.  No logra lo que quiere lograr debido a que quien le ayuda, según él, no es bueno.  Está diciendo no puedo evacuar; ya que tu quieres que lo haga y dices que me estás ayudando, evacúa por mí.

  Su petición de atención, de afecto y de amor, lo hace de forma provocativa y rencorosa.  Eso le lleva al fracaso.  Incluso agradece fracasar.  Obtiene su castigo.

  Cuando fracasa siente el placer de echar la culpa a otro y/o abandona el éxito momentáneo donde al mantenerse como objeto en exhibición le producía gran ansiedad. Ser centro de admiración no es algo que aguante mucho tiempo, tiene que desplomarse.

  Su deseo es demostrar a quien le quiera ayudar: ‘no eres mejor que yo’.

  Su historia manifiesta demasiadas humillaciones.  Al estar empantanado no hay modo de ser humillado más; quien le alarga la mano para sacarle del pantano descubre que termina al lado del empantanado.

  Muestra dos facetas, una la del empantanado y la otra, la del poderoso que no necesita a nadie; esta segunda faceta  lo atribuye a sentirse en poder  del diablo, de fuerzas oscuras.

  La relación con la madre es de ser humillado constantemente: ella no aprueba lo que él hace; le insulta y le califica de inútil. Cuando le mira lo hace con expresión maligna y con burla.  Su único cuidado que le manifiesta es que abra la boca y coma y afloje los esfínteres y evacúe; en ambas actividades manifiesta impaciencia e intenta ayudarle agrediéndolo, metiendo la cuchara en la boca con engaños y amenazas y ayudando a su evacuación con cualquier tipo de violencia; el papel del padre es de un extraño misterioso.  En su relación de adulto es muy hábil en los métodos que le enseñaron sus opresores.

  Necesita desarrollar astucia, desprecio, rencor, para sobrevivir.

  Lo diabólico en él es una ensalada de duda y desconfianza donde los ingredientes de confianza y amor no llegan. La desconfianza es la muralla detrás de la cual se atrinchera.

  No sabe hacer girar la pelvis, sino solamente empujarla hacia adelante.  Para empujar hacia adelante necesita apretar las nalgas y contraer los músculos abdominales, debido a la debilidad de sus piernas.

  ¿Por qué funciona mejor sexualmente luego de pelear con su pareja?

  Posee un super yo muy estricto.  Un sentido moral que ejerce vigilancia sobre él desde afuera.  El rencor y el odio constituyen el fundamento de su comportamiento.

  Su fuerza no parece ser la del atleta ágil y esbelto sino la del gorila demoledor, pero no tiene fuerza auqnue lo aparenta.

  Su espalda está tensa, igual el cuello y la región lumbar; su impulso agresivo está doblado hacia lo interior.

  Su estructura revela  dos fuerzas que van anulándose hacia adentro de sí mismo.  La ternura y el amor luchan por salir hacia afuera, pero las tenazas la rompen. (la línea fina, figura 14)

  Un alambre grueso muy resistente en una prensa que lo va doblando y originan una lucha que parece terminar unas veces a favor del alambre y otras veces a favor de la prensa.  El alambre llora, se resiste y, finalmente cede; más de pronto abre otra vez la boca la prensa. (La madre mira esa escena material y da por hecho que el alambre no tiene espíritu).

  Es la represión lo que origina su comportamiento.  Se le reprime porque se le quiere.  Porque hay una preocupación excesiva por él.  Se aspira a que tenga un comportamiento sumiso, a que sea un buen chico.  El aprende a vivir con esa ambivalencia de sentimientos.  Es explicable que viva entre luchas, rabietas, rebeliones. 

  ¿Por qué la fantasía de ser golpeado o el ser golpeado de hecho le genera placer?  Porque sin ese castigo no puede relajarse y, en consecuencia, acceder al placer.

  Irascible y caprichoso, el niño insiste en enojar a sus padres; estos rebasados en su paciencia le castigan; el niño, sucesivamente llora, se tranquiliza, se duerme.  Son los sollozos los que le liberan de la tensión,  le relajan, no los golpes.

  El miedo a excitarse genitalmente le obliga a retraer la pelvis y a retraer las nalgas.  Queda en un estado de ansiedad insoportable. Necesita el maltrato para relajarse y poder cumplir su imposible función sexual.

  Se relaciona con sus genitales como lo acostumbraron a hacerlo con su ano cuando era niño, mientras que el adulto le vigilaba: evacuar sus genitales le origina tensión y el responde controlándolo, que no salga nada de sus genitales hacia afuera.  En tal sentido no es deseable excitarse sexualmente porque la erección le va a producir el sufrimiento de eyacular y es cuando recurre al recurso de imaginar el castigo físico o dejar que de hecho el castigo físico se produzca: él queda de inocente, de víctima y, su pareja, como agresor y cruel: el objetivo de eyacular, y liberar la tensión sexual lo ha logrado.

  Vive con sentimiento de infelicidad y  queja.  Su sufrimiento es real y sus quejas no son inventadas.

  Por regla general desconfía del mundo, de la realidad y del terapeuta.  Tal la razón de su sufrimiento. Dostoievski dijo: ‘el infierno es el sufrimiento de aquellos que son incapaces de amar’ (Los Hermanos Karamasov).

  ¿Cómo se puede pretender que alguien viva dichoso en el mundo si cada día aumenta más y más su desconfianza de él?  Esa desconfianza desemboca en un lago conformado por la desconfianza de sí mismo, la desconfianza de sus actos, y la desconfianza de su mejoría.

  Le gusta observar a quienes intentan ayudarle como quien mira a quienes escalan la cara escapada de un gran acantilado.

  Quiere hacer fracasar la ayuda que se le dé, quiere que quienes le ayuden se desanimen.

  Socaba la simpatía que se le manifiesta, desdeña toda manifestación positiva que le den.  Sus quejas equivalen a estar atado a una silla y escuchar el zumbido de más y más zancudos.  En ese momento quien le ayuda se enfada y, eureka!,  por fin, al ver muy enojado a su colaborador,  toma actitud positiva para dejarse ayudar.

  Anhela en su fantasía ser golpeado hasta detenerse en la frontera donde comienza el verdadero dolor.  Manifiesta excitación al intensificar sus actitudes provocativas que destruyen en el otro toda posibilidad ecuánime.

  Es un cuerpo lleno de agujeros por donde en vez de sangre manan sonidos quejumbrosos con la cualidad medida para desestabilizar a quienes oyen esos sonidos.

  Hacerse daño y despreciarse a sí mismo, mostrarse desaseado e inadecuado en sus presentaciones es un desafío  directo para verificar si aún así hay alguien que le ama.  Puede darse el caso, con igual objetivo, al manifestar un sentido exagerado de limpieza.

  Su comportamiento tiene afinidad con el ser un gusano retorciéndose en la tierra.  Le es casi imposible erguirse; le es fácil tirarse al suelo.

  Se pregunta continuamente ¿Cómo es que puedo cosechar más y más humillación?  Como en su niñez fue formateado para la incapacidad y la inutilidad, busca más y más modos de mantenerse más y más sobresaliente en esa conducta de incapaz.

  Todo animal agrede o huye cuando es sometido a situaciones que no son su naturaleza, que le violenten.  Sin embargo, si el niño es obligado a comer lo que no le gusta o cuando no quiere, no es respetado, se viola su naturaleza y se le hace comer a la mala; no puede reaccionar como un animal: es sometido y violentado.

  En la civilización que vivimos la obediencia en los niños es recompensada con aprobación y hasta premios; la rebelión es desaprobada y castigada.

 Tienen una necesidad desmesurada de aprobación.  Esperan recibir amor agradando: la decepción es constante.

  Su seguridad depende de su servilismo, lo que le genera humillación.  Su ser servil es su distintivo más visible.

   Hay dos etapas en la manifestación de su agresión, la de rabietas y rencor cuando su energía pugna por salir, y, la conformidad y servilismo cuando la energía se dirige hacia adentro.

 Al ser tratado tan sólo como necesitado de alimento y limpieza, e ignorado en sus necesidades espirituales, y sometido, su salida es la espiral: rabietas, rencor, sometimiento y servilismo.

  Su mundo está limitados a  los dos extremos de su sistema digestivo.  La garganta se vuelve un centro de energía complejo: dejo entrar la comida, la rechazo, la vomito?, no tiene solución clara.  Y en el otro extremo de su intestino la energía esta no resuelta: ¿evacúo o espero que me metan algo dentro?

  Los hombros encogidos son el puente levadizo o rígido de la garganta; y las nalgas y los muslos están en tensión para no dejar indefenso su ano.

  Como no conoció el afecto y los sentimientos tiernos, si los de afuera se manifiestan con amabilidad, ternura y amor, desconfía, no cree en que tengan sinceridad.  ¿Cómo podría ser que le  tengan amor si su madre, siendo su madre, usó simpatía y amor sólo para humillarle? ¿Acaso no desatendió, su propia madre, sus ruegos y suplicas?

  Las demandas del trabajo los ejecuta desde sus intestinos y no desde su corazón.  Esto le impide espontaneidad y creatividad.  El ser empeñoso, el tener necesidad de aprobación, lo hace ser visto como un buen trabajador, sin embargo, al final, nadie alcanza a comprender por qué se derrumba.

  En el campo de su sexualidad, como su intencionalidad es inhibir el placer, es inevitable el resentimiento hacia su pareja.

  Su sexualidad es un círculo vicioso de tentativas, recriminaciones, esfuerzos, resentimientos, culpabilidad, vergüenza y miedo.

  En su expresión gestual es torpe, sin embargo, su inteligencia y sensibilidad son notables.  Penetra y comprende con mucha exactitud el comportamiento de los demás.  Esas habilidades no las utiliza para estudiar y comprender su propia conducta.

  Su inteligencia de manera siniestra está al servicio de aumentar su desconfianza.

  Su musculatura a la vez esta contraída y desarrollada en exceso.  El rasgo más destacado es su cuello de toro.  Su vientre esta contraído originado por eliminar experiencias dolorosas.  Sus empeines están contraídos.  Sus pies no manifiestan seguridad, presentan mucha limitación en el movimiento de las piernas.  Su rostro tiene limitación de gestos: inocencia, ingenuidad, asombro, sonrisa bonachona, sonrisa estúpida.  Esos gestos ocultan miedo, desprecio, repugnancia, terror.  Todas esas expresiones están congeladas en su rostro.

  Tiene tendencias exhibicionistas reprimidas.  A nivel consciente tiene temor a la exhibición.  El temor a la autoafirmación y a la vivencia del placer explica esa contradicción. Su personalidad es tortuosa, ambivalente y manipuladora de las situaciones.

  Un niño sano exhibe con alegría su pene.  Este carácter, sin embargo tiene anhelo de exhibirlo pero tiene miedo a la desaprobación, entonces  termina queriendo esconderlo a la vz que necesita admiración: ¿Cómo lo lograría si lo esconde?

  Ansia amar y ser amado.  Su inteligencia desconfía, el rencor crece, quedan las lágrimas pero el vientre tenso las suprime.  Para vivir le queda una alternativa, contraer con fuerza el vientre y la pelvis.  La necesidad de placer no desaparece y crece, crece, crece, mientras el vientre y la pelvis responden con mayor tensión.

  Su independencia ha sido reprimida en forma activa. Ha sido socavada su autoafirmación.

  Su funcionamiento natural ha quedado en expresiones anales y han sido impedidas sus expresiones genitales.  Su grito es !no quiero!!!!!!!!.

  Introducción

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