Introducción

 Prólogo

2. Masoquista

3. Histérico

4. Fálico Narcisista

5. Pasivo Femenino

 Esquizofrénico

 Esquizoide

 Epílogo

1.

EL CARÁCTER ORAL

 Hay una relación directa entre oralidad y depresión.

 El carácter nos muestra con claridad la gran dependencia de la función psíquica respecto de los procesos bioenergéticos subyacentes.

No es el tipo más común de estructura neurótica, pero sus rasgos y tendencias se hallan en la casi totalidad de quienes necesitan terapia.

 Manifiestan una fuerte repugnancia a reconocer su necesidad.

 Dan por cierto que el mundo les debe algo y le den lo que den, aun le siguen debiendo.

 Actúan como queriendo recuperar una herencia porque les han quitado sus derechos de primogénitos.

 Cualquier trabajo que hagan les parece penoso y logran llegar hasta el final del día arrastrando  los pies; y, en la mañana, no se pueden levantar para llegar a tiempo a su trabajo.

 Es importante hacerle ver la relación que existe entre la evaluación de sus habilidades, su productividad y la recompensa a que tendrían derecho.

 Declaran lo buenos que son y lo poco que se les aprecia.

 Muestran exagerado narcisismo y falta de sensibilidad hacía los problemas de los demás.  Da por sentado que los demás no tienen problema, que el único necesitado es él.

 Esternón hundido, costillas inferiores ensanchadas; músculos pectorales prominentes; hombros elevados; cuello delgado; diafragma alto y contraído; vientre plano y de apariencia vacío; piernas fuertes: un pollo con traje de El Corte Inglés.

 Se encolerizan con facilidad pero no les dura mucho la cólera.

 Sus depresiones son reiteradas.

 Manifiestan profundos sentimientos de soledad, decepción e impotencia.

 Su narcisismo les exige atención y elogio y deseo de ser mantenido y puesto en primer plano.

 Es notoria la falta de éxito en el trabajo.

 No tienen capacidad para conservar su empleo.

  Al comenzar un trabajo actúan de tal manera que lo despidan o lo abandonen.

 Está rebelde ante la necesidad de trabajar y más contra las exigencias específicas de un trabajo.

 Pareciera que su opción es trabajar a disgusto hasta que lo despidan o se vaya, o se deprime.

 Su actitud amorosa es similar a su actitud laboral: exigencias altas y respuesta desconsiderada en relación a su escasez. 

 Supone que le deben dar compresión, simpatía y amor; no evalúa si a cambio deben dar algo.

 Gestos de frialdad de la pareja le alteran.  Si la pareja no satisface sus demandas narcisistas, sube la escalera del rechazo, el resentimiento y la hostilidad.

 Su pareja tiene sus propias necesidades; él no las considera; el conflicto permanente se establece. Su hostilidad encubre su considerable dependencia.

Al parecer no tiene alternativa si se dedica a trabajar se vuelve inoperante en su relación conyugal.  Y viceversa.

Tiene miedo a la pérdida de su objeto amoroso; ese temor lo acecha constantemente; es su gran amenaza: es el manantial de su depresión.

 Su naturaleza hace muy difícil la convivencia con El.

 A pesar que no tiene interés en su pareja sino en sí mismo, cuando descubre que su pareja tiene otro interés sexual, su furia se hace desproporcionada: habla de asesinar al amante de su pareja. A la pareja  que le manifestaba poco interés… de pronto le otorga un interés exagerado.   (¿cómo alguien que hablaba de abandonar a su pareja, cuando las circunstancias se lo ponen en bandeja para hacerlo, manifiesta un anhelo de no separarse por nada de ella?)

 Tener presente siempre que es muy sensible.

 Saber que cuando su resentimiento y odio desaparecen, necesita canalizar su ira.  Su ira puede usarlo en tareas destructivas o en tareas constructivas.

 Necesita hablar y sentir placer en la conversación, el encanto de la conversación es hablar de sí mismo.

 Les gusta el exhibicionismo; su exhibicionismo no es genitalidad sino anhelo de lograr atención, interés  y afecto.

 Cuando su yo está inflado siente bienestar y excitación; si se desinfla aparece la desesperación, se siente impotente e insuficiente.

 Su mucha actividad de aparente bienestar es seguida de un periodo de depresión.  Su ciclo es euforia/depresión.

 No padece intensas depresiones; se atrapa en atolladeros masoquistas.

 Con frecuencia manifiesta que no sabe lo que quiere.  Eso es verdad; no tiene intereses materiales; hablan de solamente querer paz; es natural; no aceptan la realidad ni la necesidad de luchar por la vida.

 Su agresividad es débil.

 No se esfuerza por alcanzar lo que desea.  Carece del deseo y tiene miedo a intentar.

 Su curriculum está lleno de decepciones.

 Su sueño es alcanzar algo sin esforzarse, único modo de eludir la decepción.

 Es difícil que entre en situaciones de ira; prefiere un estado continuo de hiperirritabilidad.  Incluso sus furias intensas carecen de sentimiento real.

 Su debilidad está localizada en la región lumbar.  Su cuerpo es fláccido.

 Tiene sentimiento de privación.  De allí deriva su envidia.  Como es una estructura vacía, su apetito anormal es un intento de llenarlo.  Como sus anhelos no tienen satisfacción, está en inquietud y en impaciencia.

 Quiere ser reconocido, quiere tener satisfacciones, pero que no sea fruto de su esfuerzo; el resultado es la decepción.

 ¿Cuál es la causa bioenergética del ciclo euforia-depresión?

 ¿Por qué a pesar de la excesiva autoestima la independencia no aparece?  Porque su energía no fluye hacia abajo sino hacia arriba; sus pies no están en contacto con el suelo; sus genitales no tienen irrigación.

 El niño mientras tenga el pezón en la boca, no necesita relacionarse con la realidad; ¿para que independizarse?  El no necesita fuerza, solamente la fuerza corporal de su madre.

 Mientras su madre lo sostenga, si lo hace con amor (olvidándose de sí misma y sólo dedicada al niño), él carece de temor sea la posición que sea en la que le coloque la madre.

 Cuando ya no es niño su comportamiento de hablar demasiado sigue siendo un acto de succionar el pezón.   Succiona -habla y habla y habla- buscando admiración y afecto.

 Al hablar exagera en forma notoria su valor, y lucha  y casi logra mantener un hablar inteligente, coherente y racional.

 Quienes los escuchan se asombran de la innecesaria sobrevaloración que hacen de sí mismos.  Sacan algún beneficio de esa inteligencia clara y directa de niño; por eso no lo obligan a callarse.

 Su ser es difuso, sin cristalización y además omnipotente: todo un niño NARCISO.

  Cuando no hay capacidad de dar y recibir, ni de valorar ese doble flujo de la existencia, se ha quedado en la condición de ser un niño.  Ser adulto es tener la capacidad de dar y recibir; no ser adulto y ser infantil sólo desarrolla y especializa una capacidad: ingerir y absorber, absorber e ingerir.

  Como el recién nacido, él no sabe ni le interesa saber que el pecho materno pertenece a otra persona.

  Cuando el pezón está lleno y obediente, él está eufórico; si agotó su leche y manifiesta dolor y furia al ser succionado y se retira, él se deprime.

  La depresión es el fracaso del  intento de exigirle al objeto  externo al que se liga, a que le provea apasionadamente de protección, amor y seguridad; al fracasar  esa demanda, él deviene en sentimientos subjetivos de pérdida y vacío, pérdida y vacío  que los transforma en poderosa  levadura de depresión más intensa.

  No sólo no puede atenuar su extrema sensibilidad hacia el medio ambiento sino que  lo incrementa; en los momentos que reconoce la aceptación y afecto que le dan,  florece; pero necesita que sea permanente: no puede entender no sólo que eso no puede existir en la realidad sino que él necesita que exista sin que él se esfuerce; si le hacen ver que está equivocado, su defensa, auto protección, su necesidad de fusión con lo que no quiere dejar de ser, es la irritación.

  Cuenta con dos maneras para hacer suponer que quiere evitar la depresión:  mantiene sus impulsos llorando, y se deja llevar por  la ira.

  El llanto lo hace ver como un niño que no dispone de otro medio para imponerse; la ira se dirige a eliminar lo que obstaculiza  su ilusión.

  En sus primeros años de vida  la falta de satisfacción ha sido su constante.  Lo poco que le han dado de comer ha sido insuficiente: está más hambriento después de haber comido.  Puede llorar; mientras llora la neurosis no se anida en él; ¿pero cuánto tiempo puede durar un niño llorando?

  Un caso: dos padres se impacientan por lo llorón que es su niño por la dificultad que manifiesta para dormirse; deciden acostarlo a las 7pm en su habitación, cerrar la puerta y no atenderlo por más que llore: el niño lloró 4 horas, el llanto era lacerante pero los "inteligentes" padres aguantaron: el niño se durmió.  Segunda noche, otra vez lo encerraron a las 7pm.  Sorpresa, lloró sólo una hora.  Tercera y siguientes noches: encerrar al niño a las 7pm.: ya no se volvió a oír el llanto.

  No todos los niños son iguales, algunos presentan más resistencia a la privación. Y no dejan de llorar porque se cansen, sino porque se enfrentan a la angustia y al sufrimiento y no  pueden soportar: desisten, se rinden, se duermen para que no se les rompa el corazón.

  Su llanto comienza con una tensión insoportable en el vientre.  Siente sus intestinos retorcidos y anudados, quiere asumir que no necesita a su madre.  Al sumar reiteradas privaciones a lo largo de los años se comprende las fuerzas que él ha mantenido encarceladas.

  La madre no ha satisfecho sus necesidades, él está perdido: ¿Cómo suprimir la necesidad?  ¿Y cómo dar curso a la necesidad si al final está la decepción? Estas dos interrogantes sin solución, le acompañan a lo largo de su vida.

  Su anhelo heróico es independizarse; su vida es un campo de batalla donde él avanza victorioso solamente para al final sucumbir (en Venezuela se dice: tanto nadar para morir en la orilla)

  Para perpetuar todos estos sentimientos, privaciones, aguerrida búsqueda de independencia, decepción, angustia y sufrimiento se unen a parejas que le prometen mucho y le niegan más.

  Necesitan ser precoces en el habla y en la inteligencia, y demoran en caminar.  Se caen a menudo, tropiezan incluso con su sombra.

  Otro ejemplo: Roberto relata que se ve de niño corriendo tras de su madre que ha subido a su automóvil y se ha ido; él corre y grita, corre y grita, corre y grita hasta caer exhausto.  Aparece su padre, el niño comienza a llorar buscando consuelo, el padre imperativo le hace un gesto indicándole que se calle.  Era arrojado al terror.  En el transcurso de su vida, para él,  recordar a su padre y encolerizarse era lo mismo.

  Él es un resultado de haber sido forzado a tener madurez e independencia.   Lo natural es que la criatura humana pudiera tener una infancia biológica prolongada como garantía de su felicidad y salud para el resto de la vida.  ¿Por qué la necesidad apremiante, imperiosa, que los niños maduren con rapidez? Para liberarse de ellos? Son solamente una molestia?

  Es asaltado por la ansiedad cuando se ve en la tarea de afrontar y relacionarse con  la realidad.

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